Critica / Marta Moro

Omar es un “buscador de belleza”, la capta, la sintetiza con su asombrosa técnica y nos la devuelve para disfrute de nuestros sentidos.

Su estilo aparentemente clásico, se vuelve inusitadamente actual con diferentes recursos: incluye elementos tan contemporáneos como un pantalón vaquero, un logotipo o las huellas de la ropa de baño sobre una piel ligeramente bronceada. Convierte los temas de “estudio de pintor” en obras maestras en sí mismas.
El minimalismo es una constante en su obra. En lienzos de gran formato plasma imágenes carentes de cualquier elemento superfluo sobre fondos lisos, creando grandes contrastes de color o texturas. Nos quiere dirigir hacia la esencia de las cosas, obligándonos a reflexionar sobre su naturaleza.
Son obras de una asombrosa luminosidad, en las que nos muestra el choque de la luz contra las materias o sobre la piel humana, haciendo casi transparentar el alma que hay detrás de ella. Frecuentemente elige temas que provocan un gran choque visual, unas veces entre texturas, otras entre colores fuertemente contrastados y otras entre la propia simbología de los objetos. Se sirve de ciertos temas clásicos o religiosos, así como de la tauromaquia o el desnudo femenino para mostrarnos esa belleza intrínseca de las cosas, como los pliegues de una tela, provocando nuestra concentración en ella para obligarnos a captar su verdad. Otras veces el tema elegido son los lienzos colocados del revés, y entonces además, nos ayuda a reflexionar sobre ciertos aspectos del arte contemporáneo.

La distancia emocional del espectador con la imagen, el ensimismamiento de sus figuras humanas, la intimidad en la que parecen querer aislarse, está trucada: nos aleja a kilómetros para luego acercarnos a la velocidad de la luz con un título, un espejismo o una dualidad, un juego de palabras o un juego visual.
Su técnica pictórica es más que fotográfica, es celular. Y compaginada con su maestría en el dibujo nos ofrece retazos de vida contemporánea llevados al estudio del pintor, como un científico lleva muestras a su laboratorio: primero las limpia de contaminaciones, para después de aislarlas, someterlas a minuciosos análisis; luego las contrasta con los reactivos más adecuados, y el estudio del resultado le llevará a descubrir su sustancia y naturaleza. Cuando ya está muy seguro de su descubrimiento, lo expone y comparte con los demás miembros de su comunidad.

Marta Moro Rodríguez


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